
Plasmando el Espíritu en la Materia
Convertir lo Abstracto en Realidad: Plasmando el Espíritu en la Materia
Como artista, siento que mi misión va más allá de la mera creación visual; es un llamado profundo, una necesidad imperiosa de convertir lo abstracto en realidad, de plasmar el espíritu en la materia. Cada trazo, cada color, cada forma que cobra vida en mis dibujos es el resultado de un proceso íntimo y complejo, donde las ideas y emociones que habitan en mi interior encuentran su expresión en símbolos que comunican mucho más que lo visible a simple vista. Mi arte es, en esencia, una manifestación tangible de lo intangible, una puerta abierta hacia mundos interiores que, de otro modo, permanecerían ocultos en la nebulosa del pensamiento y el sentimiento.
El proceso de creación para mí es una especie de alquimia espiritual. Todo comienza en un espacio de introspección, donde las sensaciones, los sueños y las ideas abstractas flotan libremente, sin forma definida. Estas realidades abstractas, que no tienen un lugar físico en el mundo que habitamos, buscan constantemente ser comprendidas, ser vistas, ser sentidas. Mi labor como artista es darles ese espacio, ese cuerpo material que les permita existir en nuestro mundo. Es un proceso de traducción de lo inefable a lo tangible, de lo sutil a lo concreto.
Cuando tomo un lápiz o un pincel, no solo estoy delineando formas o aplicando colores. Estoy dando vida a símbolos que portan significados profundos, que conectan al observador con dimensiones de la experiencia humana que a menudo quedan fuera del alcance de las palabras. Cada línea que trazo es un intento de capturar lo que se esconde más allá de la superficie de la realidad, de revelar lo que yace en las profundidades del alma. Es un ejercicio de traducción de emociones, de ideas, de visiones que no se pueden expresar de manera directa, pero que encuentran su voz a través de la simbología que uso en mis obras.
El símbolo, en mi arte, es la herramienta que me permite comunicar lo que es imposible de describir con precisión en lenguaje cotidiano. Un círculo puede ser un reflejo de la eternidad, de lo infinito; un triángulo puede representar la trinidad del cuerpo, la mente y el espíritu; una espiral puede hablar de la evolución, del crecimiento y del viaje interior. Estos símbolos no son meros adornos o elementos decorativos; son vehículos de significado, puentes entre el mundo abstracto del pensamiento y el mundo físico de la materia. A través de ellos, intento expresar lo que está más allá de la vista, lo que se siente, lo que se intuye.
Al plasmar estas realidades abstractas en mis dibujos, estoy, de alguna manera, sacando a la luz aspectos del ser humano que son universales pero que a menudo permanecen en la sombra. Mis obras se convierten en espejos en los que el espectador puede reconocerse, encontrar fragmentos de su propia experiencia, de sus propios sueños, miedos y deseos. El arte, en este sentido, se convierte en una forma de comunicación profunda, una conversación silenciosa entre el artista y el observador, donde lo que se dice sin palabras puede resonar con una verdad más profunda que cualquier discurso.
Enriqueta Ahrensburg